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Piratas del Caribe


Ok. Los hombres pueden ser piratas y ser unos genios. Pueden vestirse de Don Juan y ganarse al universo femenino entero.Pueden jugar a Superman y convertirse en los preferidos de todas las minitas del lugar. Pueden ir y venir como barriletes y tener reservas de mujeres siempre. Pero si nosotras tenemos más de un candidato barajado quedamos socialmente expuestas como lo más bajo de toda la cadena alimentaria del planeta. Si no existe la amistad entre el hombre y la mujer no es mi problema. Lo intento, pero siempre alguna de las partes cruza esa barrera. Una vez, un ex, nos mandó el mismo mensaje a mí y a dos amigas, la misma noche, con cinco minutos de diferencia. Lo peor de todo es que a una le erró el nombre. Pobre hombre. Tuvimos que tomar venganza en el asunto. No podíamos permitir que saliera impune de semejante obra de piratería sólo por respetar su costumbre. Pero a pesar de todo, hoy sigue siendo el más ganador y un gran conquistador. Qué injusto. Ellos son piratas por puro instinto hormonal, pero en mi caso necesito serlo para que tome forma el verbo "olvidar". No me queda otra opción. Después de no tener la mano de él en mi mano por mucho tiempo es mejor empezar de nuevo. Pero elijo todo lo que no sea serio. Busco clavos pasajeros. Compro un tequila, y si hay dos por uno mejor todavía. Me conviene volver a ser distante y presumida. Hacerme la distraída. Aceptar salidas. Mantenerme divertida. Prefiero tirar papel picado y no volver a pisar el palito del pasado. El problema es que mi colección de clavos se fue por el inodoro. Literal, no jodo. Creo que no me queda otra que dejar el disfraz de pirata y volver a la normalidad. O comprarme de nuevo un celular y de una vez por todas dejar de maquinar la cabeza, cerrar las puertas entreabiertas y volver a disfrutar. El tiempo dirá.

Por curiosidad


Realmente no sé cómo hacen los hombres para olvidar. No entiendo cómo les resulta tan fácil familiarizarse con un perfume de mujer y no extrañar sentirlo en alguna parte de su ropa o de su piel. No entiendo cómo hacen para no sentir vacías sus manos sin poder entrecruzar más los dedos con esa otra mano, la misma que les despeinaba el pelo, o les acariciaba la espalda, o les hacía cosquillas en la panza. No entiendo cómo pueden cambiar tan rápido cientos de besos por otros nuevos. No sé dónde guardan todas las palabras lindas que dijeron, o si las reciclan y las vuelven a usar como paracaídas en la próxima primer salida. No sé qué hacen con los mensajes de texto, si los borran, si los leen, si se ríen o se olvidan que los tienen. No entiendo cómo pueden alardear tanto sobre su masculinidad y después hacerse pis encima como chicos, al final Fito siempre dice la verdad. No sé qué hacen con los momentos que los hicieron sonreír, no sé. No entiendo cómo hacen para no extrañar una mirada que les dice un te quiero sin palabras. No sé si les molestan los recuerdos cuando están por quedarse dormidos, o simplemente no conocen nada de eso. No sé qué hacen con las canciones que compartieron, si directamente las borran del ipod o cambian la radio cuando empieza a sonar alguna mientras están manejando. No sé dónde esconden el amor que alguna vez tuvieron, si abajo de la alfombra o en un vaso de Fernet con Coca. No entiendo cómo  los hombres pueden ser tanto para una y de repente ser lo menos. No entiendo cómo no se quedan con un vacío en el pecho. No entiendo cómo hacen para pasarla tan bien sabiendo que dejaron a alguien con la cabeza al revés. No sé cómo hacen para disimular todos esos detalles desgastantes que aparecen al final cuando uno ya no quiere seguir siendo parte. No sé cómo hacen, pero me gustaría ser hombre para averiguarlo. Me gustaría ser uno de ellos, pero sólo por un día, para jugar a ser el conquistador de América y tener una armadura que me proteja desde la médula contra cualquier tipo de riesgo que pueda haber ahí afuera, elegir una fecha de vencimiento para la relación y mejor si no es muy duradera. Total soy hombre y me puedo recuperar rápido, de un solo trago y sin pensarlo demasiado.

Once de Febrero


A otra cosa mariposa.

Chau lágrimas


Trato, intento, hago mi mayor esfuerzo pero no consigo probarme una lágrima. Ni siquiera mitad de una minúscula gota de humedad. Creo que finalmente perdí la capacidad de llorar. 


Alguna vez tenía que pasarme. Porque en este último año y medio conviví con ese verbo casi todas las noches, y algunas tardes también. Siempre tratando de convencerme de que esa era la última vez.


Pero ya está. C´est fini.  Game over. "Todo concluye al fin".


Me llegó el momento (in) esperado en el que te vuelvo a pensar y puedo sonreir.
Ya no tengo que enroscarme en el plumón como un bicho bolita sin ganas de sentir la luz del sol.Y eso está bueno; no seguir con el amor en el pecho, pasado por agua, hecho pedazos, buscando a cada rato alguna razón que me hable despacio.