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Wake me up before you go



Con ella pasé la noche en un Volkswagen y hasta las dos de la tarde del otro día no salió el sol. Casi morimos de hipotermia y de hambre,  pero nos salvó la risa incansable de las dos. Y quiero estar de nuevo ahí adentro, con la tormenta y los truenos, las caras de asustadas y el miedo por el espejito retrovisor, quiero seguir jugando a Titanic, tiritando de frío, adivinando la hora, esperando que nos llegue alguna señal de Mora. Me acuerdo de nuestros tacos desgarrados corriendo por el medio de Dean Funes, de las sombras de los árboles y de nuestros gritos descomunales. Me acuerdo de la lluvia que no paraba, de la ventana abierta y del miedo que nos subió por toda la espalda cuando nos encontramos con alguien esperando en la puerta. Es que no hay un primero de enero juntas que no sea una historia.Ya es febrero pero quiero volver al asiento de atrás del primero de enero y acurrucarme un rato más, para seguir agarradas de la mano y olvidarnos de los mundos que siguen girando ahí afuera, y quedarnos sólo con nuestra risa que me lleva lejos y me hace bien.

Las nubes no son de algodón


Hay algo de los días de lluvia en Buenos Aires que me angustia. No sé, la gente apurada, chocándose con los paraguas, sin mirar para adelante. Se me achinan los ojos evitando que las gotas se impregnen en mis pupilas, y las veredas se disfrazan de velorio; por cada charco una cara de enojo. Y como si fuera poco se me dá por escuchar esa playlist en el ipod que todavía no entiendo por qué sigue ahí. Pero como dice Fito, siempre tiran los recuerdos. Y el color desubicado del cielo que no encaja con el mes de Febrero. Todo esto sin contar que me pongo melancólica y busco por todos los rincones y cajones fotos escondidas o cualquier resto de un amor pasado, que me arranque una lágrima y pueda estar a tono con el agua de la lluvia. Y otra vez los ojos de él, que insisten en la ventana de ese bar en donde alguna vez lloré hasta sentir que se me cerraba el pecho y que el mundo se me caía entero. Qué suerte no haber nacido en Londres. Qué suerte la de mi tortuga que se escapó por las montañas de Córdoba. A ella tampoco le gustaba la lluvia pero podía salvarse adentro de su caparazón y evitar todos los recuerdos que desordenan la cabeza en los días de lluvia como hoy. 

Gris melange


Casi sin abrir las ventanas, pensando que el gris melange iba a acompañarme un buen par de horas durante la mañana.

Casi lluviosa, de pocas ganas de levantarme de la cama.
De frío en puntas de pie entre las almohadas.

Casi de espaldas a los llamados de la noche anterior, al rechazo por lo desconocido y guardando algunos miedos en el bolsillo.

Casi inquieta, casi cansada.

Hay días en que quiero acurrucarme, y dormirme, y pensarte,
no pensarte, despertarme, y acurrucarme de nuevo,
hasta que se despinten las nubes desarmadas
y me vuelvan las ganas de espiar el cielo por la ventana.